La incoherencia emocional en las relaciones: cuando lo que se dice no coincide con lo que se hace

Vive la vida que deseas

Vivimos rodeados de palabras bonitas.
De promesas que suenan bien.
De “te quiero”, “me importas”, “estoy aquí” que, en demasiadas ocasiones, no se sostienen en el tiempo ni en los hechos.

Y ahí es donde empieza el verdadero conflicto en las relaciones: la falta de coherencia.

Decir una cosa y hacer otra también es una forma de herir

La incoherencia no siempre es evidente.
No suele aparecer en forma de gritos ni de discusiones abiertas. A veces se cuela de manera silenciosa, casi invisible:

  • Cuando alguien dice que le importas, pero nunca tiene tiempo.
  • Cuando promete estar y desaparece justo cuando más lo necesitas.
  • Cuando habla de compromiso, pero actúa desde la comodidad.
  • Cuando pide comprensión, pero no sabe escuchar.

No es el error puntual lo que daña, sino la repetición.
Porque los hechos constantes terminan pesando más que cualquier discurso bien construido.

La coherencia como base de una relación sana

Ser coherente no significa ser perfecto.
Significa intentar que lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos vaya en la misma dirección.

En una relación sana:

  • Las palabras tranquilizan porque se cumplen.
  • Las acciones refuerzan el vínculo.
  • No hay que interpretar silencios ni justificar ausencias constantes.

La coherencia genera seguridad emocional.
La incoherencia, en cambio, genera duda, ansiedad y desgaste.

¿Por qué hay personas incoherentes en las relaciones?

No siempre hay mala intención. A veces hay miedo. O inmadurez emocional. O una gran desconexión con uno mismo.

Algunas personas:

  • No saben realmente lo que quieren.
  • Dicen lo que creen que el otro necesita oír.
  • Evitan responsabilizarse de sus actos.
  • Confunden atención con compromiso.

El problema surge cuando esa falta de claridad personal se convierte en un daño constante para el otro.

El peligro de normalizar la incoherencia

Cuando justificamos comportamientos incoherentes una y otra vez, empezamos a traicionarnos a nosotros mismos.

Nos decimos:

  • “Seguro que cambiará”.
  • “No es para tanto”.
  • “Yo también tengo defectos”.
  • “Mejor esto que nada”.

Y sin darnos cuenta, acabamos aceptando menos de lo que merecemos.

Elegir la coherencia también es un acto de amor propio

Aprender a poner límites no es ser frío.
Es ser honesto.

Elegir relaciones donde haya coherencia no significa exigir perfección, sino buscar calma.
Buscar a personas que no solo sepan decir, sino también sostener.

Porque una relación no se construye con palabras bonitas, sino con actos que se repiten incluso cuando nadie está mirando.

Cuando decides no conformarte

Hay un momento en el que algo cambia.
En el que dejas de justificar y empiezas a observar.
En el que entiendes que el amor no debería doler por incoherencia, ni generar inseguridad constante.

Ese momento suele marcar un antes y un después.

Y muchas veces, ese cambio empieza con una simple pregunta:
¿Lo que esta persona dice coincide con lo que hace?

Si la respuesta es no, quizá no sea falta de amor…
quizá sea falta de coherencia.

Scroll al inicio